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Mostrando entradas de julio, 2008
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Frente al aire soberbios árboles caricias de plumas hojas atrapadas en fracciones de fuego cielo desesperado roja extensión tras el mar de lirios y violentas sogas de los pensamientos oh suspiros sobre dos aros de rueda melancólica mirada viejo traje pájaros y olor errante de azucenas quién permite sendas cuerdas piedras y parajes de girasoles amarilla inmensidad campos donde estoy llorando el recuerdo de una ventana los cantos junto al arroyo olvidado con las manos frías.

Pensé en tu rastro

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Y expandiste toda tu existencia sobre mi mano de saqueador relumbró hasta el horizonte de la noche tu mejilla filosa como el lomo del día más pesaroso ¿en ese horizonte quién más duerme? bosteza la morsa remueve flores lilas el perro campeador en el momento de la espera más lejana visité el humo de las calles gratas el viejo puente no resistió el abandono los barrotes se fueron mientras las rojas golondrinas de la ausencia fueron llenando el pensamiento de la oscura ciudad y apareciste de nuevo sobre mis hombros mundanos se irguieron tus nebulosas y las estrellas más antiguas buscaron mi voz te saludo oh sierpe que llameas en lo alto de la iglesia el fuego ronda bajo tus pies los túneles que flamean mi frente arde pero tu cuerpo lleno de bocas no sabrá detenerme y en posición fija hasta la consumación de tu latido de esfera te llamaré como obedeciste en otras escenas ya ni tu aspecto de ciudad dolorosa quitará las ganas de nombrarte cuando piense en ti oh pena
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Antes de mi desaparición recorreré toda la ciudad pensando en el mar con visiones de moluscos callejeros osamentas de fabulosos animales una flor extraña mientras sorbo la luna los pensamientos del poniente algunas manzanas sobre viejas estanterías. Por momentos aparecía un espejo con su victima el sempiterno cráneo de melancolía intacto pudo mirarme. El tiempo se hizo irreconocible una bolsa violácea con aleta de delfín extendió su abdomen gris agujereado sus heridas caían en mi rostro lóbrego cambiante. Errático bajo las nebulosas respiro en cualquier esquina pensando una estrella. -¿Entristeces? Las fatalidades calan en mí aún me siento alejado las manos pasean la superficie de las cosas oh pesares que suben por los dedos los omoplatos conmovidos desde la hierba se extravían en la sombra de las golondrinas cielo rojo apuñalado por pájaros y torres la muerte del ocaso comienza en las tristes manos de la despedida. -Dejad tus miedos en el poderoso monte amarillo: el río de fuego ya re...