Y expandiste toda tu existencia sobre mi mano de saqueador relumbró hasta el horizonte de la noche tu mejilla filosa como el lomo del día más pesaroso ¿en ese horizonte quién más duerme? bosteza la morsa remueve flores lilas el perro campeador en el momento de la espera más lejana visité el humo de las calles gratas el viejo puente no resistió el abandono los barrotes se fueron mientras las rojas golondrinas de la ausencia fueron llenando el pensamiento de la oscura ciudad y apareciste de nuevo sobre mis hombros mundanos se irguieron tus nebulosas y las estrellas más antiguas buscaron mi voz te saludo oh sierpe que llameas en lo alto de la iglesia el fuego ronda bajo tus pies los túneles que flamean mi frente arde pero tu cuerpo lleno de bocas no sabrá detenerme y en posición fija hasta la consumación de tu latido de esfera te llamaré como obedeciste en otras escenas ya ni tu aspecto de ciudad dolorosa quitará las ganas de nombrarte cuando piense en ti oh pena